Cuatro días en Suiza son suficientes para enamorarte de sus paisajes y sus casitas, para estar ansioso por ver muchísimo más, para ver nevar y, por supuesto, hacer unas cuantas fotos.
Ahora mismo estoy en Etoy, en el "Canton de Vaud", a los pies del famoso Lago Léman, con muchos grados bajo cero y con más capas que una cebolla... Pero con el placer de despertarme, subir la persiana y ver desde la cama copos de nieve caer del cielo, en una danza mágica.
Y ahora entiendo cosas como por qué la gente tiene gatos.
Este es un pequeño pedacito de mi vida en Suiza: nieve, gatos, paisajes... Y todos los rincones y anécdotas que están por venir.







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