Odio cargar con el teleobjetivo. Me supone un peso que mi pequeña espaldita no es capaz de soportar.
Sin embargo luego tengo que hacer minutos improvisados de espera, en la estación o en cualquier otra parte, y el está aquí, esperando siempre para mi.
Y así fue, en la estación de Nyon (esperando el tren de vuelta a Allaman) donde mi teleobjetivo y yo nos reencontramos para robar expresiones, sin que nadie osara ponernos mala cara.





No hay comentarios:
Publicar un comentario